domingo, 27 de febrero de 2011

La belleza es efímera. Y, a veces, también lo es la bondad. Alto es el precio de la dicha, viene a contarnos Rolando Revagliatti.



Imponente


Identificado con nuestra aflicción 
humana

imponente
el ángel resucitó
al perrito atropellado en una ruta
por mi camioneta

Pesaba sobre el ángel
la fuerte inhibición
celestial:
No parirás
                 milagros

La infracción afectó
inmediata
                y fatalmente
al antes vigoroso ángel

Perdió la mayoría
de las plumas de sus alas
y de nosotros se despidió
                                        transido
volatilizándose.

                                      Rolando Revagliatti

                               Dibujo: Federico Gallego Ripoll

Un ángel necesario. Mario Lourtau: un poeta necesario. Descendiendo en suaves movimientos pendulares, acercándose... un ángel necesario. Un poeta necesario.




NECESIDAD DEL ÁNGEL

Para Santos Domínguez

Igual que el vuelo blanco de un ángel necesario
tu verso ha contagiado de dulce ceremonia mis pupilas,
ha trepado los muros con que la noche envuelve
el cuarto de silencios, de sombras, de efímeros relojes.

Ha detenido el tiempo que anega los paisajes
sorteando los puñales con que la niebla avanza.
Ha caminado a ciegas por un bosque extranjero
donde el espino extiende su circular dominio.

Y ahora me encuentro solo, en desigual batalla,
lidiando con los sueños que inundan cada cosa:
el frío de los caballos, la lluvia del trapecio,
el hombre que gravita dormido en las palabras.

Y escucho en mi inconsciente un viento de clarines,
una campana blanda que augura mansedumbre.
Y se sucede entonces la imagen de un recuerdo,
un destello que irrumpe quebrando los cristales:

Es el ángel que baja flotando entre las sombras,
su vertical firmeza, su látigo de espumas.    
Es el ángel que abarca el mundo y sus confines:
un dios hecho palabra, un ángel necesario.
                                                  
Mario Lourtau (De “Catálogo de Deudores” - Editora Regional de Extremadura, Mérida 2009)
 Dibujo: Federico Gallego Ripoll

En las noches más claras, desde el Faro de Cabo Torres, Mar Braña acaricia a su gato oteando el horizonte, y señala a los ángeles el lugar donde el mundo duele menos.



El ángel, recién caído del cielo con su tostada de Philadelphia medio mordisqueada y  medio emboscado tras aquel pequeño mundo de noticias de papel, se quedó perplejo leyendo el anuncio de una inmobiliaria que ofrecía un apartamento de tres habitaciones y salón por el módico precio de doscientos treinta y cinco mil euros, sin entrada. Luego, aún extrañado ante aquel fenómeno incomprensible, me preguntó cómo accedíamos los humanos a las tres habitaciones y el salón de un apartamento que no tenía entrada...


Mar Braña
 Dibujo: Federico Gallego Ripoll

Desde Uruguay, Elbio Chitaro define, en el vacío, la plenitud del ansia de la búsqueda

áspid: hacia puridad como ser ahora, no cráter: ablación de clítoris como flor de desierto somalí, no cóndor: plan de acallar como il ponto levatoio de giambattista piranesi, sí látigo de hielo inquebrantable, en el seno



ángel: ala cubriendo el pie como ser que arde, no ánima: espacio de memoria como lanza atravesada en la garganta, no hoja seca: mensaje a nada, a nadie, sí luz sin tiempo ni distancia, en el cuerpo



negrura: no oscuridad ni mancha no moho tampoco sí eclipse lunar en pena, unos segundos



¿la agonía?: nada, una visión  






 (a laura alonso)
Elbio Chitaro, de "La impureza"
 Dibujo: Federico Gallego Ripoll

viernes, 25 de febrero de 2011

María Teresa Bravo con su poema, y Alejandro Gómez con su imagen, nos convocan a la esperanza. Sentémonos tranquilos: antes o después, junto al pozo del Monasterio de Santes Creus, veremos cruzar ángeles.



HORA PRIMA 



He arañado tu nombre en la piel de los cipreses

y han sangrado savia de mil años .



Suéñame en la umbría cerúlea

de las palmeras de alabastro,

muy cerca del naranjo que mece,

indistinto, azahares y gorriones;

al borde de la fuente por donde la Eternidad

gotea en humilde burbujeo.



Guárdame en esta mágica redoma de luz zafiral,

para que la cicatriz del tiempo no pueda

mutarme los labios de dulcísima espera .



                                                     María Teresa Bravo


Una plaga de amor para los seres. Ángeles, ángeles mínimos, pacientes, necesarios. ¡Quién tuviera los ojos de Francisco Gómez-Porro para ver tanto y tan claro en medio de la prisa!



LA INVISIBLE COMPAÑÍA

La mariquita de la flor del haba
que ve José en el valle del Membrillo,
tiene mi olor de hoy.
El escarabajo de la patata
que espera en su cárcel de tierra
para devorar el fruto en la vega de Pablo,
habla con mi lengua de mañana.
La cochinilla rugosa que se desliza como un
     salivazo
sobre las yemas de una mimbrera,
lleva de mi cuerpo una piadosa instilación
de amor y desengaño.

El barrenillo que perfora el tronco de la palmera
del patio de Alfonso, pisa con mis pies
y mira con mis ojos lo que yo no pude ver 
cuando era más viejo que sus hojas.
Y la mosquita que ataca las fresas
donde yace la Fermina.
Y los hongos que chupan la savia del perito
donde Conce cuelga el fruto en sazón de su
     soledad.
Y el piojo del único naranjo que hay en el pueblo
bajo el que oigo llorar y reir, reir y llorar,
como si en su tronco otro pueblo
hubiera echado raíces.

Y lo que sentí cuando la araña roja
atacó el envés de mi boca
impidiéndome nombrar lo que veía.  
Y todo esto, fresco, indestructible,
que es una plaga de amor sobre los seres:
todo, todo va conmigo,
devorándome para un nuevo comienzo.

Ácaros que devoran las raíces del recuerdo,
insectos que descomponen la luz de la memoria
y la ensalivan para hacerla su alimento,
lombrices que se sustentan de las migajas
de nuestra ternura,
yo no me acabo en el suelo humillado por el óxido
del país al que regreso.
Ni el asfalto ni las piedras impiden
que mi ser se prolongue
más alla de la planta de mis pies.
Soy la cosecha del escarabajo
y el alimento más fresco de la oruga,
el único legado perdurable,
la invisible compañía que fabrica la harina de la
     vida
con que alimentamos nuestros versos.

                          Francisco Gómez-Porro
                          Villarrubia de los Ojos, marzo de 2009
                               Dibujo: Federico Gallego Ripoll

                                                        
                
(Luis Moreno “Manual del Maestro de Reiki” RBA Ediciones, 2007)
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viernes, 18 de febrero de 2011

¿Toda voz es regalo? La de Neus Aguado, libre sobre el Tabor del verso, sí.

 
El año del ciervo o jubileo



Ha llegado hasta mí

la música que contiene el graal sellado

con la flor azul en su interior.

Melodía del deseo y del delirio

que entrega y transfigura su vida intacta,

íntegra, a los claustros

en los que la propia nieve ha sido lastimada

aunque la música persiste:

el canto de alguien virgen

que eleva  su plegaria a los ángeles

con el temblor de la pureza en cada octava.

 
                        Neus Aguado

                       [En Papers de Versàlia, núm. Y, invierno 2009-2010]
                       Dibujo: Federico Gallego Ripoll

Goya Gutiérrez vuela por sus palabras; ángeles y aves impulsan el ascenso de una voz cada vez más clara







Que nadie intenta poseer (Fragmento)

                   I


En las alturas la levedad del cuerpo

La casa hecha de aire cimentada por alas

para no encadenar la alegría

de vivir en lo fugaz el continuo fluir

las resonancias de la vida alada



Un grupo de vencejos ha traspasado

la limpidez del cielo

Humildes aves malabaristas

siempre en ascenso



¿Por qué ese vuelo ese alejarse

de lo de abajo de lo terreno?

¿Quién les advierte

de ese otro vértigo

de ángel caído?



                   II

Construir hacia dentro un vacío

que albergue lo frágil

Crear la oscuridad de algún abismo

en el blanco papel protector y habitable

para engendrar



El ave carpintera canta y labora

Igual que la poeta dota a su casa

de plenitud y de oquedad

Con sus labios ahondan redondean

liman paredes y palabras sin descanso



Y su canto es un eco

de aquella caverna del fondo del tiempo

que se alza

anunciando esponsales

hogar provisional poemas

que un día dejarán en herencia

a otras aves atentas oidoras

del lenguaje de su ritual



                            Goya Gutiérrez
                            Del libro “Hacia lo abierto” (en prensa 2011)
                                Dibujo: Federico Gallego Ripoll

domingo, 13 de febrero de 2011

Elisa Dejistani: un camino en el que todas las respuestas permanecen abiertas. ¿Y si el ángel volviese?

CONCORDIA


¿Y si volviese el ángel
el corazón
abandonaría su jaula?
Entonces
un acorde bastaría
para amenguar la fatiga
y tus brazos
repartidos al viento
de la misericordia
con el sol en las manos
y los ojos húmedos
viéndote partir
una y otra vez
Y este cavilar
de toda astronomía
que se conmueve
y espera

Elisa Dejistani
(De Con el sol en las manos - Editorial Metáfora, 1994)
 Dibujo: Federico Gallego Ripoll

Compartamos ahora el vuelo vertical de las palabras inspiradas de Antonio María Flórez


SONÁMBULO MI GRITO



Todo el mundo sube

colgando la luz

de los balcones.

Sonámbulo mi grito

caerá sin alas

al hondo vacío

de las sombras.

Y aún soy ángel,

pero me estrello.


Antonio María Flórez
(Del libro inédito Alrededor del tiempo)
 Dibujo: Federico Gallego Ripoll

También puede hallarse la luz en el fondo de la desolación; como en este poema de 1976 de Fernando Ortiz. "Todo hombre es terrible", dicen con estupor los ángeles-poeta que han leído a Rilke

     


       




INVOCACIÓN Y ELEGÍA


Vuelvo el rostro al pasado. La memoria

ve atrás un desolado monumento

sin nostalgia ni amor. Frías cenizas

de otros yo, que pudieron haber sido,

pero no son. Y sólo pueden darme

un levísimo soplo que no basta

para alentar mi ánimo. Y ahora

que el futuro no existe, y el presente

vive en mí como daño, yo contemplo

la realidad. Su luz insoportable

que me ciega. Ningún mortal entera

acaso nunca pudo contemplarla

o tan sólo los ángeles de Rilke

-espléndidos, insomnes, como fuego-

toleraron su vista. Yo lo intento.

Y me ciega. ¡Es tan pequeño

lo que mi ojo abarca y duele tanto!

Y por eso os invoco en este día,

oh dioses, que sin duda, existís, vivos,

en lo interior del pecho de los hombres.

Ahora. Venid ahora. Tengo frío.

No espero el alba. Y me siento viejo.




                                Fernando Ortiz 
                                  Dibujo: Federico Gallego Ripoll


Con dibujos de Chencho Zocar, dos excelentes ángeles-poema mirados, sentidos y escritos por Domingo F. Faílde

LA FRONTERA



                            Los ángeles terribles
                            que gobiernan las cimas del vacío
                            vinieron esta noche a visitarme.

                            Se posaron en el alféizar
                            de mi ventana, hirieron
                            los cristales con sus nudillos
                            e intentaron forzar los aparejos
                            que separan mi estancia de su mundo.

                            Pude verlos. Hablaban
                            en un idioma extraño, con cantos de
                              sirena,
                            que el sudor de mi rostro traducía.

                            No quiero recordarlos.
                            Pero ahora sé que están en cada esquina,
                            en el timbre estentóreo del teléfono
                            o en las noticias que hayan de llegar.

                            Esos ángeles fríos... Los he visto,
                            reflejados tal vez en el espejo.












RENDICIÓN INCONDICIONAL


Desnúdame, no tengo ya otra cosa.
                                                                                                    Pablo García Baena


                          A ti te digo,
                                             ven,
                                                    ¿no eres acaso
                          el arcángel que invoco,
                          el que acecha mis sueños y me infunde
                          las dulces pesadillas que me encienden la carne;
                          el que me inculca la palabra exacta
                          si mi deseo proclamo;
                          el que me hace propuestas transgresoras
                          cada vez que te miro;
                          el que me acerca a ti, si algún milagro,
                          como un faro en la noche, me ilumina;
                          el que abre las puertas de mi reino
                          con su sola mirada;
                          el que tiene tu rostro?

                          Ven, acerca tu mano
                          y, según tu palabra, hágase en mí
                          la postrer maravilla,
                          la sombra incandescente
                          que arde sin consumirse en el serrallo
                          más turbio de mi carne.

                          Mas sea, sin embargo,
                          tu voluntad: dispón, pues, de este cuerpo,
                          que arde si tú lo tocas,
                          que engendra cataclismos al paso de
                              tu lengua
                          flamígera y flamea,
                          como una llama, al roce de tus labios;
                          ¿a qué esperas?

                          Ven, asalta, conquista
                          el desmayo dichoso de mis miembros
                          y hazme morder el polvo de tus plantas
                          y sentir en mi vientre
                          la tibia comezón de la derrota,
                          mientras mis dedos buscan
                          el filo de tu espada
                          y comulgo tu aliento
                          y un mar de orquídeas negras
                          devora mi naufragio y me vomita,
                          pecio de gloria, al fin, sobre tu pecho.

                                         Domingo F. Faílde
                                (De Retrato de heterónimo, Ánfora Nova, Córdoba 2008)